Monumento de San Martín:
PATRIMONIO MANCHADO
Por: Luis Antonio Abad Arriaga
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El patrimonio es un bien
o un derecho de alguien, patrimonio cultural peruano es un bien o el derecho
sobre alguna producción cultural de los peruanos. El monumento a Don José de
San Martín, que representa al libertador argentino y también a la independencia
del Perú, es pues, patrimonio del pueblo peruano.
Este patrimonio en la
época del oprobioso gobierno de Fujimori, permaneció en una lamentable
situación, lleno de orines, rodeado de prostitutas y homosexuales, de timadores
y charlatanes, de carteristas y vendedores de droga, de hollín negruzco de la
contaminación severa del centro de Lima. Este estado calamitoso era lamento de
pocos, las autoridades se hacían los ciegos y los voceros del gobierno corrupto
también, estos callaban y disfrazaban la cochinada de nuestro patrimonio. El
significado del monumento, la independencia y la libertad también eran
mancilladas, o sea que el patrimonio cultural estaba sucio por todos los
costados de una suciedad que no se podía limpiar ni con trapo ni agua ras.
La protesta popular en
solidaridad con la lucha del pueblo Cajamarquino, estudiantes, maestros y
trabajadores, que sienten como justa esta lucha en defensa del medio ambiente y
en solidaridad con los cinco muertos por la represión, coparon la Plaza San
Martín y pintaron el monumento al libertador, frases ingeniosas, letras
creativas, colores chinchosos expresaban el malestar anti conga a todo el Perú
y el mundo. Esto originó, como era de esperarse un malestar mayúsculo y muy
sentido de no muy poca gente, fue pretexto para denostar con los más gruesos
epítetos a los, según ellos, “antimineros” y aprovechaban para tildar a esa
hermosa manifestación de pro senderista. Los más fieros
cancerberos de la DBA
escupieron todo su malestar.
Patrimonio
nacional son también los ríos, lagos, lagunas, diversidad de flora y fauna,
cerros, cumbres, nevados, todo lo hermoso y envidiable que tenemos y nos llena
de orgullo. En Cajamarca parte de ese patrimonio fue erradicado de la faz de la
tierra por las mineras que hacen su agosto allí desde hace más de tres décadas:
once lagunas, la laguna más hermosa que tenía Cajamarca la “Yanacocha” entre
ellas, desaparecieron, y no causó tanto escándalo, los mismos de siempre, los
que vendieron su pluma y sus televisoras, los que callaron sobre la forma
cochina que se mantuvo el monumento de la Plaza San Martín, también callaron el
maltrato y la desaparición de recursos irremplazables de nuestro patrimonio
nacional.
Estos encuentros son
normales en nuestra Patria, unos contra otros, los unos que tienen el poder
económico que pueden comprar hasta conciencias, si pueden dañar, contaminar y
hasta desaparecer nuestro patrimonio, sino pregúntenles a nuestros hermanos de
Hualgayoc por sus dos ríos que en vez de agua, su caudal es una sustancia que
tiene una viscosidad de una sanguaza insalubre llena de desperdicios de
metales. Ellos, siempre los unos, manejan los medios, tienen a sus Aldos,
Mónicas, Federicos y otros de menor calibre, que callan y ocultan la verdad de
la milanesa a su antojo, siempre adecuados a los unos. Y los otros, los que
solamente tienen las calles para reclamar por sus derechos, son los
satanizados. Allí los vemos a los de más relieve ante el escarnio: Mollehuanca,
Arana, Goyo, destrozados públicamente con la pluma cual bayoneta y muertos por
el veneno del amarillismo periodístico, siempre a favor de los unos.
Así
de paradójica es nuestra vida, completa el acto de nuestra agenda nacional, las
declaraciones del ex congresista Kouri, muy desfachatado y amenazante, despacha
una bocanada de palabras malolientes: “Todos
somos putrefactos, todos tenemos nuestro video, todos somos corruptos” justificando
su vendimia, que para el Perú fue buena, porque con su ampay empezó el
desmoronamiento del andamiaje corrupto de Fujimori y Montesinos. Este tipejo nuevamente
en el ojo de la caja boba, a raíz de un pretendido embargo de una de sus
propiedades para cobrar la reparación por el daño causado al estado. Resulta
que de la suma que debe por el daño sólo ha pagado 400 nuevos soles, conducta
parecida a la de todos los corruptos condenados, que con las argucias siempre
de los unos, siguen tirando perro muerto a la nación. Resulta paradójico, para
variar, la conducta de Sussy Díaz, ex congresista también, una pobre mujer
hueca, que es parte de nuestra variopinta cotidianidad, es la única condenada
por corrupción que ha pagado toda la reparación civil que se le imputó, 200 mil
nuevos soles. Puede erigirse como un patrimonio moral de nuestra Patria. Triste
realidad. (luisaabada@hotmail.com)









